Soy Paritosh Mandira, hija de Ascención, nieta de María… Son importantes las mujeres que me anteceden, viven en mi y les contaré el por qué. Durante algo más de un mes, la ciudad canaria de Santa Cruz de La Palma se viste de fiesta para celebrar una de las citas más atractivas de su calendario: la Bajada de la Virgen de las Nieves.

Allí tuve el honor una vez más de visitar la isla donde mi padre vio el sol por primera vez: La Palma.

Con mucho júbilo llevo estos momentos del alma en mi corazón.  El poder recorrer sus calles, respirar el aire puro de la isla y visitar una vez más cada rincón que mi padre de niño recorría… es un gran regalo que la vida me da.

No es sólo conocer la tierra de mis padre: Canarias… sino compartirlo con Mi Madre, caminando juntas por esas calles llenas de gente y seguir hilando las historias y honrando memorias.

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Al caminar tras la Virgen, como es tradición, la calle se llenó de pétalos de flores multicolores. La sensación me embriagó, conecté de una manera especial con mi madre, con los colores, con el momento; entré en sincronía y armonía conmigo y con ella. Las mujeres llevamos “memorias” de nuestras mujeres anteriores. Nosotras hemos habitado el útero de nuestras madres, nuestras madres han habitado el útero de nuestras abuelas y así sucesivamente. Al conectar con nuestra propia fuerza vital, tomamos conciencia que mucho de lo que llevamos son memorias que no son personales, que las traemos porque son de nuestro linaje. La fuerza de mi ser femenino la tomo de mis ancestras. Tomo la fuerza de todas las que estuvieron antes, así sentí que en aquel momento, rodeada de pétalos de flores, tomaba la fuerza de mi madre y de todas las que nos antecedieron.Aprendamos a sentir esos momentos únicos, llenos de significado; a honrar a nuestras madres, a nuestras abuelas, bisabuelas, y aceptar cómo fueron todas las mujeres anteriores a nosotras.

Paritosh Mandira
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